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viernes, 13 de febrero de 2015

Ibn Quzman

Muhammad ibn Abd al-Malik ibn Quzman fue un poeta andalusí que nació en Córdoba hacia el 1078, y murió, también en Córdoba, en 1160. Los antologistas lo describen como un personaje de aspecto físico especial  -era alto, rubio y de ojos azules-, y de carácter también muy especial. Era libertino, burlesco, irónico y muchas veces soez. A pesar de vivir en la época en que  al-Ândalus estaba dominada por los africanos Almorávides, que eran muy intransigentes con la observancia religiosa, él era poco cumplidor con los preceptos coránicos. Se consideraba un trovador popular y se dedicaba a recorrer Andalucía recitando y cantando sus poemas.
    
        Aunque Ibn Quzman conocía perfectamente la poesía árabe clásica y a sus grandes autores orientales como Mutanabbi y Abu Nuwas, él se decantó por la utilización de fórmulas poéticas populares andalusíes como el zéjel y la moaxaja. El zéjel (pronunciado en árabe dialectal zájal) quiere decir “canción”. Y es que eran poemas destinados a ser cantados acompañados con laud, flautas, tambor y castañuelas.
            Ha llegado hasta nosotros un cancionero o Diwan de Ibn Quzman que fue descubierto a finales del siglo XIX en San Petersburgo. El arabista Stern, que estudió esta antología poética de Ibn Quzman, divide los 149 zéjeles que contiene en dos clases. Los zéjeles en forma de moaxajas, que tienen la misma estructura que éstas, con poemas de entre cinco y siete estrofas, pero sin la jarcha romance final. Estas constituyen una tercera parte del diwan de Ibn Quzman. Las otras dos terceras partes son zéjeles propiamente dichos sin límite de estrofas.
            El zéjel estaba escrito en árabe coloquial andalusí, salpicado de romancismos, lo cual denota el origen andalusí de esas composiciones que Ibn Quzman lleva a su máxima difusión.
   
         Los temas del cancionero Quzmaní son variados. En algunos poemas se dedica a reinterpretar de forma irónica tópicos de la poesía árabe clásica. Pero en la mayoría se dedica a describir temas personales, como sus relaciones amorosas con jovencitos, rayando en el erotismo. También describía las fiestas a las que asistía y los instrumentos musicales que se utilizaban en ellas y, como todos los poetas de su época, dedicaba también algunos poemas al elogio y loa de sus protectores; es decir, de los que le pagaban. 
Su apego a las juergas y al vino le llevó a escribir estos versos a modo de instrucciones para su mortaja:
Cuando muera éstas son mis instrucciones para el entierro:
dormiré con una viña entre los párpados.
Que me envuelvan entre sus hojas como mortaja
y me pongan en la cabeza un turbante de pámpanos.
            Después de Ibn Quzman, el zéjel andalusí fue decayendo, pero su influencia ha llegado hasta la poesía en castellano donde se usó en las canciones populares, muchas veces anónimas, como el famoso zéjel de las tres morillas de Jaén. También lo usaron otros autores como Lope de Vega y algunos de nuestro tiempo como Alberti y García Lorca, donde los utiliza en su Diwan del Tamarit.
            Terminamos con este zéjel que le dedicó Ibn Quzmán a la aceituna:



¡Ay fortuna,
cógeme esta aceituna!
Aceituna lisonjera
verde y tierna por fuera,
y por dentro de madera,
¡fruta dura e importuna!
¡Ay fortuna,
cógeme esta aceituna!
Fruta en madurar tan larga
que sin aderezo amarga;
y aunque se coja una carga,
se ha de comer sola una.
¡Ay fortuna,
cógeme esta aceituna!


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